por Carlos Arquieta
Entiendo que ha sido mucho el tiempo que ha pasado desde la ultima vez en que subí el articulo sobre el amor (el cual podría ser modificado en algunos puntos esenciales, ya veremos…). La pregunta obligada seria: ¿por qué tardar tanto en escribir otro artículo? Me justifico de esta manera. Además de estar entre la lectura de otros libros para mejor documentación y poder proveer mejores datos, tuve dificultades para saber que tipo de artículos escribir. Han sido variados, y la temática sigue y seguiría envolviendo al psicoanálisis. Sin embargo, he tenido conflictos en cuanto a teorías.
En este tiempo, después del artículo anterior, empecé a adentrarme en cual era la ideología de otro psicoanalista: Jacques Lacan. No dudo que los puntos que toca Lacan son bastante interesantes, y su teoría es tan extensa como la del mismo Freud, padre del psicoanálisis (esto es obvio, puesto Lacan habla de un “retorno a Freud”, siendo ese “retorno” cuestionable). También es en algunos puntos de la psicología lacaniana en los que me podría basar para las modificaciones del artículo existente del amor. Sin embargo, varios maestros empezaron a influir en mis ideas. Empecé a tener problemas para leer a Lacan, problemas de no poder entender aspectos de la teoría (quien ha leído a Lacan no me dejará mentir en cuanto a la dificultad). Es aquí donde recibí ciertas opiniones como “los lacanianos tienen un discurso muy seductor, pero no dicen nada”. Me sugirió esa persona que empezara por las obras de Freud (reconozco que solo he leído dos de ellas). Otra persona me dijo que una de las mejores teorías es la de Melanie Klein, otra psicoanalista, de la cual he leído muchos artículos, y reconozco que tiene muy buenas propuestas. Podrán ya entender mi confusión en cuanto a sobre lo que debería de poner más atención. Sin embargo, creo que la más sabia es la primera opinión: deberíamos tener un “inicio” en Freud.
El por qué escoger eso es sencillo. Siendo el padre del psicoanálisis, es ilógico leer interpretaciones de su teoría si no la conocemos primero desde su mismísima fuente. Sin embargo, esto podría afectar los artículos del blog por ciertas razones. En primer lugar, se dice que hay que leer a Freud por fechas, así que habría que leer desde “Estudios sobre la histeria” y de ahí en adelante, irse en orden, lo cual nos deja ver que talvez me tomaría mucho tiempo leer las obras, sacar conclusiones, y ala vez escribir los artículos. Seria un tanto difícil también escribir sobre temas mas avanzados, porque se interrumpiría la lectura ordenada. Otra razón es que algunos dicen que Freud ya está “obsoleto” y que sus aportaciones ya no son de utilidad en la clínica psicoanalítica actual (lo cual pienso es totalmente falso), y para algunos lectores los artículos podrán sonar repetitivos o fuera de nuestro contexto histórico (cuidado con la represión, muchachos, jeje).
Teniendo en cuenta esto, he llegado a ciertas conclusiones en cuanto al blog: la posibilidad de no subir artículos de una manera muy frecuente, pues estaría en un muy largo periodo de documentación en cuanto a textos Freudianos se refiere. También, seria posible que este espacio tocara más frecuentemente las temáticas del psicoanálisis freudiano ortodoxo: complejo de Edipo, falo, castración, ello, yo y superyò, consciente, preconsciente e inconsciente, etc. El motivo ya lo he expuesto: mis lecturas serán propiamente freudianas. Es una decisión que he tomado por razones de propedéutica, pues es necesario entender a Freud para uno hacer sus propias “teorizaciones”, y no solo leer y aprenderse “interpretaciones de las interpretaciones”.
El fin de todo esto también sería formar un verdadero espacio de debate como se había prometido. No solo leeríamos a Freud, sino que también estaríamos en una posición de crítica. Trataríamos de incluir algunos cuestionamientos y criticas a la teoría de Freud en mis artículos, obviamente buscando la posibilidad de formar un pensamiento mas completo sobre el psicoanálisis. Usted, estimado lector, estaría en su derecho de contestar los cuestionamientos que se hagan, o por qué no, plantear nuevos cuestionamientos y criticas.
Ahora, dejo esto para recibir opiniones de cómo facilitar algunas cosas, porque veo en esto una tarea un tanto complicada. Ya he planteado posibilidades de mantener el blog abierto, pero también he pensado en otra posibilidad. He llegado a pensar en cerrar el blog y reabrir uno cuando mi formación de psicólogo haya terminado, mas todavía no estoy seguro de qué decisión tomar. Pienso que la posibilidad de mantenerlo abierto con las ideas ya propuestas sería buena, pero a la vez nos ponemos en una situación difícil (mi posición de estudiante no me permite disponer de mucho tiempo). El error de haber abierto este blog apenas lo he descubierto: no empezamos con las obras de Freud ya leídas, y nos falta saber mucho de él.
No es mi punto sonar negativo, les repito, busco opiniones, así que dejare este artículo como cuestionamiento, o talvez como articulo final: dependiendo de las opiniones que reciba y de las conclusiones a las que pueda llegar, o empezaremos con un nuevo ciclo de artículos, o se pensará en la posibilidad de cerrar el blog. Se agradecen sus comentarios.
viernes, 4 de abril de 2008
sábado, 9 de febrero de 2008
Amarte duele… pero soy masoquista! El amor desde un punto de vista neopsicoanalítico
Por Carlos Arquieta
¿Qué es el amor? Esta pregunta ha ocupado el pensamiento de grandes pensadores a través de los tiempos, y sin duda lo sigue haciendo en nuestros días. Aun y con todas las definiciones que se han proporcionado, me atrevo a decir que nuestra sociedad no ha logrado entender el verdadero significado del amor. ¿Qué es el amor verdadero? Lamentablemente varios de nosotros creemos saber el significado y creemos que lo sentimos, cuando la verdad es que nos vemos sumergidos en “pseudo amores” o en relaciones destructivas o egoístas. No con esto quiero decir que no existe el amor verdadero, pero si en verdad lo queremos poner en practica debemos entender lo que significa, y no creer que ya lo sabemos todo solo por experiencia. Reitero que nuestra labor como psicólogos es buscar el por qué ultimo de la conducta humana, así que sería valido también hacer un análisis sobre el complejo tema del amor. Este artículo se lo dedico en especial a todos mis amigos, a quienes aprecio mucho y espero siempre contar con ustedes, y decirles que cuentan conmigo para lo que les pueda servir. Estimados lectores, espero sea de su agrado.
El enfoque
Este artículo estará fundamentado en las teorías neopsicoanalìticas de Erich Fromm, las cuales explican el comportamiento humano no solo a partir de un punto de vista mecanicista, ortodoxo, como los impulsos descritos por Freud, sino que también se le da una importancia clave a la situación cultural y social en la que el individuo se desenvuelve. Así, veremos el concepto de amor desde un punto de vista psicoanalítico, mas no ortodoxamente como un impulso o como la búsqueda total de placer a partir de un objeto. Exploraremos las dimensiones personales y psíquicas del sujeto, así como los factores sociales que influyen en sus decisiones acerca del amor. Veremos también como vivimos en una sociedad “solitaria”, en la cual se busca un objeto de amor para buscar superar la propia soledad que tanto carcome al ser humano. Buscar a alguien para mitigar la soledad suena lógico, pero hasta que punto llegamos a verdaderamente a amar a la persona y a desear su felicidad y libertad, ahí es donde esta la “clave del amor”, y es ahí donde encontramos a veces fallas y vemos relaciones “sado-masoquistas”. Sin más preámbulos, comencemos el análisis.
¿Amar es difícil?
“Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor.”
Bien, esta frase de Fromm es muy cierta, y quien se ha sentido enamorado o enamorada alguna vez no me dejará mentir. Sin embargo, es nuestra actitud frente al amor lo que lo hace tan difícil.
Imagina que alguien te gusta y le pides que sea tu pareja. ¿Qué hacemos cuando esta persona nos dice que no, por una u otra razón? Puede aparecer un sentimiento de tristeza, tal vez porque no nos sentimos amados, y es ahí donde se encuentra uno de los grandes problemas sobre el amor: uno busca sentirse amado, pero no se enfoca en amar. Que pena que esa persona no nos ha aceptado, pero se han puesto a pensar: ¿en verdad esa persona merecía tu amor? O mejor… ¿tú merecías a esa persona? Es algo que no pensamos, e inmediatamente nos sumergimos en un sentimiento de menosprecio, lo cual no debería ser así.
Cambiemos de perspectiva. Esa persona te dijo que sí. Nos sentimos en las nubes, entramos a un gran estado de “enamoramiento”, pero ¿Cuánto tiempo? Ese es otro gran dilema del amor: ¿hasta cuando somos capaces de amar? El enamoramiento es precioso, pero amar verdaderamente no es la cosa más sencilla del mundo.
El amor en la sociedad contemporánea
El amor como mercado
Lamentablemente nuestra misma sociedad capitalista nos ha llevado a ver la búsqueda de objeto de amor como un proceso de mercado. “Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y, al mismo tiempo, debo resultarle deseable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades manifiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio.” ¿Es mentira? Observemos el mundo que nos rodea, observemos a aquellas madres, amistades u otras personas que influyen en nosotros diciendo: “Oye, es que el no te conviene, mira, no estudia”, “que te pasa, si esta bien fea, como te fijas en ella”, “hijo, no la escojas, es una destrabancada, y mira como se viste”, “Hija, mira, es muy buen sujeto trabaja y gana buen sueldo…”, “Oye, no es de tu religión, yo creo que no te conviene”. Así convertimos a nuestros semejantes en mercancías que tienen un valor por las habilidades o atributos que poseen, y nos olvidamos que, como nosotros, son humanos, y que detrás del verdadero amor esta el amor al Hombre, al ser humano en general.
La soledad
Otro aspecto importante es el sentimiento de aislamiento o soledad que siente el ser humano. Esa soledad es alimentada por la sociedad, por ejemplo, a partir de que se nos dice que somos libres, que cada quien tenemos la capacidad de decidir. Los medios de comunicación nos bombardean de información sobre diferentes productos, supuestamente dándonos la oportunidad de elegir. Pero eso no es verdad, se aprovechan del sentimiento de soledad o “separatividad” del ser humano, y en verdad uno se vuelve dependiente de las grandes compañías y de los productos que ellas nos ofrezcan. Esto lo comparo con como el ser humano, en su afán de evitar la soledad, busca ser dependiente de otros para mitigarla.
Algo que en cierta medida se puede añadir al tema de la soledad es la percepción que se tiene del dar y recibir cariño en la sociedad actual. Podemos analizarlo a partir del siguiente fragmento de Karen Horney, en su libro “La personalidad neurótica de nuestro tiempo”: “Uno de los rasgos predominantes de los neuróticos de nuestro tiempo es su excesiva dependencia de la aprobación o del cariño del prójimo. Todos deseamos ser queridos y sentirnos apreciados, pero en los neuróticos la dependencia del afecto o de la aprobación resulta desmesurada {…} Si bien todos queremos gustar a las personas que nos agradan, los neuróticos están presos de un afán indiscriminado de estima o afecto, independientemente de su interés por la persona respectiva o de la trascendencia que adjudican a su opinión. En la mayoría de los casos no se dan cuenta de estos insaciables anhelos, pero los traducen en la sensibilidad con que reaccionan al no obtener la ansiada atención. Así por ejemplo, pueden sentirse heridos por el mero hecho de que alguien no acepte sus invitaciones o deje pasar algún tiempo sin hablarles por teléfono {…}; tal hipersensibilidad es susceptible de ocultarse, empero, bajo una actitud de ¡qué me importa!”
¿Acaso esto no es suficiente para demostrar que el ser humano se siente solo? Y pero aún, es increíble cuando una persona, aun siendo maltratada, humillada, tratada como un “objeto” por su “amado” o “amada”, continúa convencida de que es amor lo que siente. Siente como si dependiera de la otra persona, y se ciega totalmente ante la esclavitud que padece. Así mismo, el ser que somete y humilla, afirma y jura que trata así a la otra persona porque la “ama”. A mi opinión personal, no puede haber mayor farsa que tales afirmaciones.
Pongo estos primeros ejemplos para entrar a un tema mas profundo sobre la soledad que siente el hombre, puesto que el amor se ha visto afectado por esta situación, se ha visto desfigurado por mecanismos de evasión que utiliza el ser humano para evitar su soledad. Uno, como en el ejemplo anterior, es la dependencia, y otro, es la búsqueda de poder sobre otro.
Sadismo y masoquismo: el lado oscuro del “amor”
Podemos introducirnos al amor como una relación sado-masoquista, a partir del análisis que hace Fromm en su libro “¿tener o ser?”, donde se diferencian dos maneras de manifestar amor, en el modo de tener o en el modo de ser. Por motivos de facilitar comprensión y no mezclar temas, hablaremos primero del modo de “tener”, que es el que nos interesa en el análisis de las relaciones sado-masoquistas.
No puedo aclarar mas la situación del amor actual que como lo describe Fromm, veamos: “Experimentar amor en el modo de tener implica encerrar, aprisionar o dominar al objeto “amado”. Es sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida. Lo que la gente llama amor la mayoría de las veces es un mal uso de la palabra, para ocultar que en realidad no ama”. Aquí es donde me detengo. Esto quiere decir que en verdad confundimos el amor con algo más. ¿Pero qué es ese algo que esta disfrazado como “amor”?
Fromm describe los impulsos sado-masoquistas a partir de un concepto al que llama “carácter autoritario”. Para la persona con carácter autoritario, solo existen dos tipos de personas, las que tienen poder y las que no lo tienen. La persona con impulsos sádicos puede mostrar su carácter de manera más abierta, o menos reprimida o escondida, pues tienden a ser personas que con su misma forma de ser demuestran la necesidad de dominar. Esos esposos golpeadores, parejas celosas y humilladores, son algunos ejemplos. Sin embargo, la persona con carácter autoritario también puede presentar otras manifestaciones de conducta, como la total admiración por la figuras de mayor poder que él. Incluso podríamos decir que quien no tiene poder no tiene significado para él. Así, por eso encontramos el par sado-masoquista aquí: “me dejo someter ante los que tienen poder, por el amor al poder mismo que yo siento, y desprecio, ataco y humillo a quienes no lo posean.” Sin embargo, estos procesos no son conscientes. La pregunta sería: ¿dónde se presentan estos fenómenos en la cabeza de un sujeto con estas manifestaciones de sadismo, y a la vez de auto humillación ante personas con mayor autoridad?
Quien se ve en la posición de explotado llega a presentar sentimientos de hostilidad y resentimiento ante el explotador. Pero como regularmente este explotado se ve en cierta manera necesitado del explotador, por ejemplo cuando es la pareja o algún familiar, sólo puede reprimir esos sentimientos de odio y presentar sustitutos de sentimientos, llegando incluso a reemplazarlos por una profunda admiración hacia el explotador. Así se acaba deseando poder, bajo la sumisión ante alguien más. De nuevo nos encontramos con contradicciones, dos sentimientos a la vez, ser sometido y poder tener “el poder”. ¿Por qué la necesidad de ser explotado? Aun y que varias de esas personas se saben conscientemente dominadas, y desean por todos los medios librarse de la opresión, hay algo inconsciente que los mueve a verse humilladas y dominadas. Esto requiere un análisis más profundo todavía, y lamento tenerles entre tantas ideas, pero el tema lo requiere por su extrema complejidad. Analicemos pues, los procesos inconscientes del sadismo y del masoquismo.
Procesos inconscientes del sadismo y el masoquismo
Destaquemos algo que tienen en común los impulsos sádicos y masoquistas: en ambos se busca “abandonar la independencia del yo individual propio, para fundirse con algo o alguien, exterior a uno mismo, a fin de adquirir la fuerza de que el yo individual carece.” Recordemos que al ser pequeños, estábamos totalmente bajo la dependencia de nuestros padres u otras figuras de autoridad, a los cuales podemos llamar vínculos primarios; así, al crecer, se dan estas tendencias a buscar de nuevo la seguridad, la protección, buscando formar nuevos vínculos secundarios que sustituyan a los primarios que se han dejado atrás. Este proceso se da en cierta medida en todos los individuos, pero podría considerarse negativo cuando ese vínculo secundario no busca la felicidad de la otra persona, cuando ese ser amado única y exclusivamente busca ser amado también. Vuelvo a la hipótesis de que estos tipos de impulsos son una búsqueda de que alguien sostenga mi propio yo, pues yo no lo puedo sostener. Veamos los impulsos por separado para confirmar la hipótesis.
En el individuo con tendencias masoquistas se presentan sentimientos de inferioridad, insignificancia e impotencia. Lo curioso es que aun y que la persona se queja de sufrirlos, hay algo inconsciente que lo orilla a manifestar comportamientos de sometimiento ante alguien más, e incluso a sentirse de esa manera. Es una falta de independencia, una enorme necesidad de sometimiento provocada por “el miedo a la libertad”. Son incapaces de manifestar un “yo soy” o un “yo quiero”. Hay casos extremos en los que hasta se infligen sufrimiento y castigos.
Estos sentimientos a veces se racionalizan. La dependencia masoquista se confunde con amor y lealtad, los sentimientos de inferioridad como la expresión adecuada de defectos realmente existentes (la persona se siente inferior porque afirma que en la realidad lo es), y los sufrimientos como si fueran por circunstancias irremediables (“me lo merezco o Dios así lo quiso”).
¿Que sucede? Este individuo se percibe solo ante un mundo hostil. Percibe su libertad como individuo de manera negativa. La forma en que busca escapar es, entonces, aniquilando su propio yo, reduciéndolo a la nada, y sometiéndose ante otro vinculo que lo pueda sostener. Se ve en el otro a un “auxiliador mágico”, que rescata, que nos puede salvar. Lamentablemente, como ese auxiliador mágico es humano, puede en algún momento no cubrir nuestras expectativas y defraudarnos. De ahí lo negativo de idealizar al objeto amado. Con este planteamiento queda satisfecha nuestra hipótesis.
Pasemos al sadismo. La tendencia sádica es un constante deseo de mostrar el poder ante el sometido. Humilla, y a veces tortura, a su objeto de “amor”. El sadismo se trata de racionalizar más que la tendencia masoquista. Encontramos así individuos que afirman que tratan así a su pareja porque las “aman”. ¿Será cierto? ¿Cómo podemos satisfacer nuestra hipótesis con el sádico, si él no parece mostrar ninguna dependencia o debilidad, sino muestra poder y dominación? Veamos.
Algo que muchas veces se ha pasado por alto es la fuerte dependencia del sádico en cuanto a su objeto. Me refiero a que si lo pensamos, el sádico no es nada sin su objeto. No lo ama, pero sí lo necesita, pues sino, ¿a quien dominaría? Recordemos que ellos también tienen mucho aprecio por figuras de más poder. Así, escogen objetos mas débiles o manipulables. Y digo objetos porque es así como los perciben: como objetos que satisfacen su soledad. “Sin ti, no soy nada”, “sin ti, la vida no tendría sentido”, les suena esa frase…
Simbiosis
Introduzco finalmente este fragmento de “El miedo a la libertad” de Fromm para dar conclusión a este tema y resumir la relación de muchas parejas en la actualidad. Es información importante para dejar clara esa relación simbiótica, mutuamente destructiva que se da en la sociedad contemporánea: “No cabe duda de que, con respecto a las consecuencias prácticas, el deseo de ser dependiente o de sufrir es el opuesto al de dominar o de infligir sufrimiento a los demás. Desde el punto de vista psicológico, sin embargo, ambas tendencias constituyen el resultado de una necesidad básica única que surge de la incapacidad de soportar el aislamiento y la debilidad del propio yo. Propongo denominar “simbiosis” al fin que constituye la base común del sadismo y el masoquismo. La simbiosis, en este sentido psicológico, se refiere a la unión de un yo individual con otro (o cualquier otro poder exterior al propio yo), unión capaz de hacer perder a cada uno la integridad de su personalidad, haciéndolos recíprocamente dependientes. El sádico necesita de su objeto, del mismo modo que el masoquista no puede prescindir del suyo. En ambos casos se pierde la integridad del yo. En el primero me pierdo al disolverme en el seno de un poder exterior; en el segundo me extiendo al admitir a otro ser como parte de mi persona, y si bien aumento de fuerzas, ya no existo como ser independiente. Es siempre la incapacidad de resistir a la soledad del propio yo individual la que conduce al impulso de entrar en relación simbiótica con algún otro. {…} La gente no es sádica o masoquista, sino que hay una constante oscilación entre el papel activo y el pasivo del complejo simbiótico, de manera que resulta a menudo difícil determinar qué aspecto del mismo se halla en función en un momento dado. En ambos casos se pierde la individualidad y la libertad.”
El arte de amar
Así, la hipótesis de que esas tendencias son una búsqueda de que alguien sostenga el yo propio, de que alguien mitigue mi soledad, se confirma tanto en el sadismo como en el masoquismo. Pasemos ahora sí al momento esperado. Si el amor lamentablemente se ha visto desfigurado hacia la conversión de un mercado, hacia una forma de mitigar la soledad… Entonces, ¿qué hemos descuidado?, ¿Qué es lo correcto?, ¿Cuál es el verdadero “arte de amar”?
El amor desde el modo del “ser”
Al principio del tema del sado-masoquismo comentaba sobre el amor desde el modo de “tener”, recordemos: “Experimentar amor en el modo de tener implica encerrar, aprisionar o dominar al objeto “amado”. Es sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida. Lo que la gente llama amor la mayoría de las veces es un mal uso de la palabra, para ocultar que en realidad no ama”.
No es posible tener amor, puesto que no es una cosa que se pueda poseer. El amor es un actuar constante, una actividad productiva. “Implica cuidar, conocer, responder, afirmar, gozar de una persona, de un árbol, de una pintura, de una idea. Significa dar vida, aumentar su vitalidad.” ¿Acaso no es totalmente lo contrario alo que se vive hoy en día? Hoy buscamos tener, recibir cariño, tener pareja, y hemos olvidado que el amor es un modo de ser. Nos olvidamos que nuestro amor debe ser una búsqueda de la plena libertad individual del otro, así como la de nosotros mismos.
¿“Rendirse al amor”?
Fromm dice que no es posible rendirse al amor puesto que eso denotaría pasividad. Pienso que está en lo correcto, puesto como ya vimos que el verdadero amar es una actividad constante. Es la búsqueda constante de la felicidad de ambos miembros de la pareja.
Sería equivocado afirmar que es amor cuando dependemos de la otra persona, que “sin ella, no podríamos vivir”. También sería equivocado denotar al amor como algo exclusivo para el objeto amado. No hay un único amor a una sola persona, y que eso implique negar el amor a las demás. Esto sería volver a una relación de dependencia, de rendimiento, de sado-masoquismo. La persona a quien amamos debe considerarse como la encarnación de todos los caracteres humanos. El verdadero amor es un amor al ser humano, al Hombre en general. Así, cuando amamos a nuestra pareja nos amamos a nosotros mismos y a nuestros semejantes, puesto todos somos humanos.
Nos unimos con la otra persona, pero no para depender de ella ni que ella dependa de nosotros, sino para que ambos busquemos la felicidad y libertad mutuas. Y no una libertad solitaria, sino una libertad positiva, una libertad para actuar y hacer felices a nuestros semejantes, pero sobre todo, para ser felices nosotros mismos por lo que somos y por como amamos. Utópico…talvez, pero así es el verdadero arte de amar.
De nuevo, ¿Practicar el amor es difícil?
Todo arte se practica, asì que concluyo con los requisitos para la practica de todo arte:
1. Concentración
2. Disciplina
3. Paciencia
4. Preocupación por dominar el arte.
Así, debemos concentrarnos en lo que hacemos. Pensar y razonar como amamos, a quien amamos. ¿Cómo estoy llevando mi relación?, ¿Qué debo hacer para mejorarla? Es un enfoque total en lo que estoy haciendo, en la manera en que amamos.
Debemos mantener una disciplina. ¿Lo hago para pasar el rato?, ¿lo hago porque se siente bonito?, ¿ando con esa persona por verdaderos sentimientos de amor? El amor es una cosa muy seria, un arte que merece respeto y un orden adecuado, y no tomarlo como un simple pasatiempo.
La paciencia es a mi punto de vista el requisito más importante. El fracaso en el amor se puede dar en repetidas ocasiones, pero nunca hay que desanimarse. Siempre es bueno esperar a que llegue la persona indicada para nosotros. Recordar que si no se logro algo con esa persona a quien amabas: o no la merecías, o no te merecía, o ninguno de los dos se merecían.
Finalmente, es necesaria una preocupación constante en dominar el arte. Conocer sus principios. Detectar áreas de oportunidad en nuestra forma de amar, actuar constantemente en la búsqueda de soluciones.
Estimado lector, esto es todo lo que por ahora puedo concluir sobre este tema. ¿Es difícil amar? Creo que ahora conociendo los principios del amor usted podrá analizar si es difícil. No me atrevo a decir que es fácil, pero si me atrevo a decir que no es difícil. Que estas fechas nos sirvan de reflexión sobre el amor que sentimos o, incluso, que no sentimos. No nos dejemos llevar por la soledad ni por la mercadotecnia, que guían nuestro actuar diario. Recordemos que el amor no es tener, sino que es un modo de ser. Se agradecen sus comentarios y felices fiestas de San Valentín.
Bibliografía
Nota: el año marcado es el de las reimpresiones, no el año original de la obra.
Horney, Karen. La personalidad neurótica de nuestro tiempo. Editorial Paidòs. España (1993).
Fromm, Erich. El arte de amar. Editorial Paidòs. México (2007).
Fromm, Erich. ¿Tener o ser? Editorial Fondo de Cultura Económica. México (1978).
Fromm, Erich. El miedo a la libertad. Editorial Paidòs. México (2004).
¿Qué es el amor? Esta pregunta ha ocupado el pensamiento de grandes pensadores a través de los tiempos, y sin duda lo sigue haciendo en nuestros días. Aun y con todas las definiciones que se han proporcionado, me atrevo a decir que nuestra sociedad no ha logrado entender el verdadero significado del amor. ¿Qué es el amor verdadero? Lamentablemente varios de nosotros creemos saber el significado y creemos que lo sentimos, cuando la verdad es que nos vemos sumergidos en “pseudo amores” o en relaciones destructivas o egoístas. No con esto quiero decir que no existe el amor verdadero, pero si en verdad lo queremos poner en practica debemos entender lo que significa, y no creer que ya lo sabemos todo solo por experiencia. Reitero que nuestra labor como psicólogos es buscar el por qué ultimo de la conducta humana, así que sería valido también hacer un análisis sobre el complejo tema del amor. Este artículo se lo dedico en especial a todos mis amigos, a quienes aprecio mucho y espero siempre contar con ustedes, y decirles que cuentan conmigo para lo que les pueda servir. Estimados lectores, espero sea de su agrado.
El enfoque
Este artículo estará fundamentado en las teorías neopsicoanalìticas de Erich Fromm, las cuales explican el comportamiento humano no solo a partir de un punto de vista mecanicista, ortodoxo, como los impulsos descritos por Freud, sino que también se le da una importancia clave a la situación cultural y social en la que el individuo se desenvuelve. Así, veremos el concepto de amor desde un punto de vista psicoanalítico, mas no ortodoxamente como un impulso o como la búsqueda total de placer a partir de un objeto. Exploraremos las dimensiones personales y psíquicas del sujeto, así como los factores sociales que influyen en sus decisiones acerca del amor. Veremos también como vivimos en una sociedad “solitaria”, en la cual se busca un objeto de amor para buscar superar la propia soledad que tanto carcome al ser humano. Buscar a alguien para mitigar la soledad suena lógico, pero hasta que punto llegamos a verdaderamente a amar a la persona y a desear su felicidad y libertad, ahí es donde esta la “clave del amor”, y es ahí donde encontramos a veces fallas y vemos relaciones “sado-masoquistas”. Sin más preámbulos, comencemos el análisis.
¿Amar es difícil?
“Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor.”
Bien, esta frase de Fromm es muy cierta, y quien se ha sentido enamorado o enamorada alguna vez no me dejará mentir. Sin embargo, es nuestra actitud frente al amor lo que lo hace tan difícil.
Imagina que alguien te gusta y le pides que sea tu pareja. ¿Qué hacemos cuando esta persona nos dice que no, por una u otra razón? Puede aparecer un sentimiento de tristeza, tal vez porque no nos sentimos amados, y es ahí donde se encuentra uno de los grandes problemas sobre el amor: uno busca sentirse amado, pero no se enfoca en amar. Que pena que esa persona no nos ha aceptado, pero se han puesto a pensar: ¿en verdad esa persona merecía tu amor? O mejor… ¿tú merecías a esa persona? Es algo que no pensamos, e inmediatamente nos sumergimos en un sentimiento de menosprecio, lo cual no debería ser así.
Cambiemos de perspectiva. Esa persona te dijo que sí. Nos sentimos en las nubes, entramos a un gran estado de “enamoramiento”, pero ¿Cuánto tiempo? Ese es otro gran dilema del amor: ¿hasta cuando somos capaces de amar? El enamoramiento es precioso, pero amar verdaderamente no es la cosa más sencilla del mundo.
El amor en la sociedad contemporánea
El amor como mercado
Lamentablemente nuestra misma sociedad capitalista nos ha llevado a ver la búsqueda de objeto de amor como un proceso de mercado. “Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y, al mismo tiempo, debo resultarle deseable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades manifiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio.” ¿Es mentira? Observemos el mundo que nos rodea, observemos a aquellas madres, amistades u otras personas que influyen en nosotros diciendo: “Oye, es que el no te conviene, mira, no estudia”, “que te pasa, si esta bien fea, como te fijas en ella”, “hijo, no la escojas, es una destrabancada, y mira como se viste”, “Hija, mira, es muy buen sujeto trabaja y gana buen sueldo…”, “Oye, no es de tu religión, yo creo que no te conviene”. Así convertimos a nuestros semejantes en mercancías que tienen un valor por las habilidades o atributos que poseen, y nos olvidamos que, como nosotros, son humanos, y que detrás del verdadero amor esta el amor al Hombre, al ser humano en general.
La soledad
Otro aspecto importante es el sentimiento de aislamiento o soledad que siente el ser humano. Esa soledad es alimentada por la sociedad, por ejemplo, a partir de que se nos dice que somos libres, que cada quien tenemos la capacidad de decidir. Los medios de comunicación nos bombardean de información sobre diferentes productos, supuestamente dándonos la oportunidad de elegir. Pero eso no es verdad, se aprovechan del sentimiento de soledad o “separatividad” del ser humano, y en verdad uno se vuelve dependiente de las grandes compañías y de los productos que ellas nos ofrezcan. Esto lo comparo con como el ser humano, en su afán de evitar la soledad, busca ser dependiente de otros para mitigarla.
Algo que en cierta medida se puede añadir al tema de la soledad es la percepción que se tiene del dar y recibir cariño en la sociedad actual. Podemos analizarlo a partir del siguiente fragmento de Karen Horney, en su libro “La personalidad neurótica de nuestro tiempo”: “Uno de los rasgos predominantes de los neuróticos de nuestro tiempo es su excesiva dependencia de la aprobación o del cariño del prójimo. Todos deseamos ser queridos y sentirnos apreciados, pero en los neuróticos la dependencia del afecto o de la aprobación resulta desmesurada {…} Si bien todos queremos gustar a las personas que nos agradan, los neuróticos están presos de un afán indiscriminado de estima o afecto, independientemente de su interés por la persona respectiva o de la trascendencia que adjudican a su opinión. En la mayoría de los casos no se dan cuenta de estos insaciables anhelos, pero los traducen en la sensibilidad con que reaccionan al no obtener la ansiada atención. Así por ejemplo, pueden sentirse heridos por el mero hecho de que alguien no acepte sus invitaciones o deje pasar algún tiempo sin hablarles por teléfono {…}; tal hipersensibilidad es susceptible de ocultarse, empero, bajo una actitud de ¡qué me importa!”
¿Acaso esto no es suficiente para demostrar que el ser humano se siente solo? Y pero aún, es increíble cuando una persona, aun siendo maltratada, humillada, tratada como un “objeto” por su “amado” o “amada”, continúa convencida de que es amor lo que siente. Siente como si dependiera de la otra persona, y se ciega totalmente ante la esclavitud que padece. Así mismo, el ser que somete y humilla, afirma y jura que trata así a la otra persona porque la “ama”. A mi opinión personal, no puede haber mayor farsa que tales afirmaciones.
Pongo estos primeros ejemplos para entrar a un tema mas profundo sobre la soledad que siente el hombre, puesto que el amor se ha visto afectado por esta situación, se ha visto desfigurado por mecanismos de evasión que utiliza el ser humano para evitar su soledad. Uno, como en el ejemplo anterior, es la dependencia, y otro, es la búsqueda de poder sobre otro.
Sadismo y masoquismo: el lado oscuro del “amor”
Podemos introducirnos al amor como una relación sado-masoquista, a partir del análisis que hace Fromm en su libro “¿tener o ser?”, donde se diferencian dos maneras de manifestar amor, en el modo de tener o en el modo de ser. Por motivos de facilitar comprensión y no mezclar temas, hablaremos primero del modo de “tener”, que es el que nos interesa en el análisis de las relaciones sado-masoquistas.
No puedo aclarar mas la situación del amor actual que como lo describe Fromm, veamos: “Experimentar amor en el modo de tener implica encerrar, aprisionar o dominar al objeto “amado”. Es sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida. Lo que la gente llama amor la mayoría de las veces es un mal uso de la palabra, para ocultar que en realidad no ama”. Aquí es donde me detengo. Esto quiere decir que en verdad confundimos el amor con algo más. ¿Pero qué es ese algo que esta disfrazado como “amor”?
Fromm describe los impulsos sado-masoquistas a partir de un concepto al que llama “carácter autoritario”. Para la persona con carácter autoritario, solo existen dos tipos de personas, las que tienen poder y las que no lo tienen. La persona con impulsos sádicos puede mostrar su carácter de manera más abierta, o menos reprimida o escondida, pues tienden a ser personas que con su misma forma de ser demuestran la necesidad de dominar. Esos esposos golpeadores, parejas celosas y humilladores, son algunos ejemplos. Sin embargo, la persona con carácter autoritario también puede presentar otras manifestaciones de conducta, como la total admiración por la figuras de mayor poder que él. Incluso podríamos decir que quien no tiene poder no tiene significado para él. Así, por eso encontramos el par sado-masoquista aquí: “me dejo someter ante los que tienen poder, por el amor al poder mismo que yo siento, y desprecio, ataco y humillo a quienes no lo posean.” Sin embargo, estos procesos no son conscientes. La pregunta sería: ¿dónde se presentan estos fenómenos en la cabeza de un sujeto con estas manifestaciones de sadismo, y a la vez de auto humillación ante personas con mayor autoridad?
Quien se ve en la posición de explotado llega a presentar sentimientos de hostilidad y resentimiento ante el explotador. Pero como regularmente este explotado se ve en cierta manera necesitado del explotador, por ejemplo cuando es la pareja o algún familiar, sólo puede reprimir esos sentimientos de odio y presentar sustitutos de sentimientos, llegando incluso a reemplazarlos por una profunda admiración hacia el explotador. Así se acaba deseando poder, bajo la sumisión ante alguien más. De nuevo nos encontramos con contradicciones, dos sentimientos a la vez, ser sometido y poder tener “el poder”. ¿Por qué la necesidad de ser explotado? Aun y que varias de esas personas se saben conscientemente dominadas, y desean por todos los medios librarse de la opresión, hay algo inconsciente que los mueve a verse humilladas y dominadas. Esto requiere un análisis más profundo todavía, y lamento tenerles entre tantas ideas, pero el tema lo requiere por su extrema complejidad. Analicemos pues, los procesos inconscientes del sadismo y del masoquismo.
Procesos inconscientes del sadismo y el masoquismo
Destaquemos algo que tienen en común los impulsos sádicos y masoquistas: en ambos se busca “abandonar la independencia del yo individual propio, para fundirse con algo o alguien, exterior a uno mismo, a fin de adquirir la fuerza de que el yo individual carece.” Recordemos que al ser pequeños, estábamos totalmente bajo la dependencia de nuestros padres u otras figuras de autoridad, a los cuales podemos llamar vínculos primarios; así, al crecer, se dan estas tendencias a buscar de nuevo la seguridad, la protección, buscando formar nuevos vínculos secundarios que sustituyan a los primarios que se han dejado atrás. Este proceso se da en cierta medida en todos los individuos, pero podría considerarse negativo cuando ese vínculo secundario no busca la felicidad de la otra persona, cuando ese ser amado única y exclusivamente busca ser amado también. Vuelvo a la hipótesis de que estos tipos de impulsos son una búsqueda de que alguien sostenga mi propio yo, pues yo no lo puedo sostener. Veamos los impulsos por separado para confirmar la hipótesis.
En el individuo con tendencias masoquistas se presentan sentimientos de inferioridad, insignificancia e impotencia. Lo curioso es que aun y que la persona se queja de sufrirlos, hay algo inconsciente que lo orilla a manifestar comportamientos de sometimiento ante alguien más, e incluso a sentirse de esa manera. Es una falta de independencia, una enorme necesidad de sometimiento provocada por “el miedo a la libertad”. Son incapaces de manifestar un “yo soy” o un “yo quiero”. Hay casos extremos en los que hasta se infligen sufrimiento y castigos.
Estos sentimientos a veces se racionalizan. La dependencia masoquista se confunde con amor y lealtad, los sentimientos de inferioridad como la expresión adecuada de defectos realmente existentes (la persona se siente inferior porque afirma que en la realidad lo es), y los sufrimientos como si fueran por circunstancias irremediables (“me lo merezco o Dios así lo quiso”).
¿Que sucede? Este individuo se percibe solo ante un mundo hostil. Percibe su libertad como individuo de manera negativa. La forma en que busca escapar es, entonces, aniquilando su propio yo, reduciéndolo a la nada, y sometiéndose ante otro vinculo que lo pueda sostener. Se ve en el otro a un “auxiliador mágico”, que rescata, que nos puede salvar. Lamentablemente, como ese auxiliador mágico es humano, puede en algún momento no cubrir nuestras expectativas y defraudarnos. De ahí lo negativo de idealizar al objeto amado. Con este planteamiento queda satisfecha nuestra hipótesis.
Pasemos al sadismo. La tendencia sádica es un constante deseo de mostrar el poder ante el sometido. Humilla, y a veces tortura, a su objeto de “amor”. El sadismo se trata de racionalizar más que la tendencia masoquista. Encontramos así individuos que afirman que tratan así a su pareja porque las “aman”. ¿Será cierto? ¿Cómo podemos satisfacer nuestra hipótesis con el sádico, si él no parece mostrar ninguna dependencia o debilidad, sino muestra poder y dominación? Veamos.
Algo que muchas veces se ha pasado por alto es la fuerte dependencia del sádico en cuanto a su objeto. Me refiero a que si lo pensamos, el sádico no es nada sin su objeto. No lo ama, pero sí lo necesita, pues sino, ¿a quien dominaría? Recordemos que ellos también tienen mucho aprecio por figuras de más poder. Así, escogen objetos mas débiles o manipulables. Y digo objetos porque es así como los perciben: como objetos que satisfacen su soledad. “Sin ti, no soy nada”, “sin ti, la vida no tendría sentido”, les suena esa frase…
Simbiosis
Introduzco finalmente este fragmento de “El miedo a la libertad” de Fromm para dar conclusión a este tema y resumir la relación de muchas parejas en la actualidad. Es información importante para dejar clara esa relación simbiótica, mutuamente destructiva que se da en la sociedad contemporánea: “No cabe duda de que, con respecto a las consecuencias prácticas, el deseo de ser dependiente o de sufrir es el opuesto al de dominar o de infligir sufrimiento a los demás. Desde el punto de vista psicológico, sin embargo, ambas tendencias constituyen el resultado de una necesidad básica única que surge de la incapacidad de soportar el aislamiento y la debilidad del propio yo. Propongo denominar “simbiosis” al fin que constituye la base común del sadismo y el masoquismo. La simbiosis, en este sentido psicológico, se refiere a la unión de un yo individual con otro (o cualquier otro poder exterior al propio yo), unión capaz de hacer perder a cada uno la integridad de su personalidad, haciéndolos recíprocamente dependientes. El sádico necesita de su objeto, del mismo modo que el masoquista no puede prescindir del suyo. En ambos casos se pierde la integridad del yo. En el primero me pierdo al disolverme en el seno de un poder exterior; en el segundo me extiendo al admitir a otro ser como parte de mi persona, y si bien aumento de fuerzas, ya no existo como ser independiente. Es siempre la incapacidad de resistir a la soledad del propio yo individual la que conduce al impulso de entrar en relación simbiótica con algún otro. {…} La gente no es sádica o masoquista, sino que hay una constante oscilación entre el papel activo y el pasivo del complejo simbiótico, de manera que resulta a menudo difícil determinar qué aspecto del mismo se halla en función en un momento dado. En ambos casos se pierde la individualidad y la libertad.”
El arte de amar
Así, la hipótesis de que esas tendencias son una búsqueda de que alguien sostenga el yo propio, de que alguien mitigue mi soledad, se confirma tanto en el sadismo como en el masoquismo. Pasemos ahora sí al momento esperado. Si el amor lamentablemente se ha visto desfigurado hacia la conversión de un mercado, hacia una forma de mitigar la soledad… Entonces, ¿qué hemos descuidado?, ¿Qué es lo correcto?, ¿Cuál es el verdadero “arte de amar”?
El amor desde el modo del “ser”
Al principio del tema del sado-masoquismo comentaba sobre el amor desde el modo de “tener”, recordemos: “Experimentar amor en el modo de tener implica encerrar, aprisionar o dominar al objeto “amado”. Es sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida. Lo que la gente llama amor la mayoría de las veces es un mal uso de la palabra, para ocultar que en realidad no ama”.
No es posible tener amor, puesto que no es una cosa que se pueda poseer. El amor es un actuar constante, una actividad productiva. “Implica cuidar, conocer, responder, afirmar, gozar de una persona, de un árbol, de una pintura, de una idea. Significa dar vida, aumentar su vitalidad.” ¿Acaso no es totalmente lo contrario alo que se vive hoy en día? Hoy buscamos tener, recibir cariño, tener pareja, y hemos olvidado que el amor es un modo de ser. Nos olvidamos que nuestro amor debe ser una búsqueda de la plena libertad individual del otro, así como la de nosotros mismos.
¿“Rendirse al amor”?
Fromm dice que no es posible rendirse al amor puesto que eso denotaría pasividad. Pienso que está en lo correcto, puesto como ya vimos que el verdadero amar es una actividad constante. Es la búsqueda constante de la felicidad de ambos miembros de la pareja.
Sería equivocado afirmar que es amor cuando dependemos de la otra persona, que “sin ella, no podríamos vivir”. También sería equivocado denotar al amor como algo exclusivo para el objeto amado. No hay un único amor a una sola persona, y que eso implique negar el amor a las demás. Esto sería volver a una relación de dependencia, de rendimiento, de sado-masoquismo. La persona a quien amamos debe considerarse como la encarnación de todos los caracteres humanos. El verdadero amor es un amor al ser humano, al Hombre en general. Así, cuando amamos a nuestra pareja nos amamos a nosotros mismos y a nuestros semejantes, puesto todos somos humanos.
Nos unimos con la otra persona, pero no para depender de ella ni que ella dependa de nosotros, sino para que ambos busquemos la felicidad y libertad mutuas. Y no una libertad solitaria, sino una libertad positiva, una libertad para actuar y hacer felices a nuestros semejantes, pero sobre todo, para ser felices nosotros mismos por lo que somos y por como amamos. Utópico…talvez, pero así es el verdadero arte de amar.
De nuevo, ¿Practicar el amor es difícil?
Todo arte se practica, asì que concluyo con los requisitos para la practica de todo arte:
1. Concentración
2. Disciplina
3. Paciencia
4. Preocupación por dominar el arte.
Así, debemos concentrarnos en lo que hacemos. Pensar y razonar como amamos, a quien amamos. ¿Cómo estoy llevando mi relación?, ¿Qué debo hacer para mejorarla? Es un enfoque total en lo que estoy haciendo, en la manera en que amamos.
Debemos mantener una disciplina. ¿Lo hago para pasar el rato?, ¿lo hago porque se siente bonito?, ¿ando con esa persona por verdaderos sentimientos de amor? El amor es una cosa muy seria, un arte que merece respeto y un orden adecuado, y no tomarlo como un simple pasatiempo.
La paciencia es a mi punto de vista el requisito más importante. El fracaso en el amor se puede dar en repetidas ocasiones, pero nunca hay que desanimarse. Siempre es bueno esperar a que llegue la persona indicada para nosotros. Recordar que si no se logro algo con esa persona a quien amabas: o no la merecías, o no te merecía, o ninguno de los dos se merecían.
Finalmente, es necesaria una preocupación constante en dominar el arte. Conocer sus principios. Detectar áreas de oportunidad en nuestra forma de amar, actuar constantemente en la búsqueda de soluciones.
Estimado lector, esto es todo lo que por ahora puedo concluir sobre este tema. ¿Es difícil amar? Creo que ahora conociendo los principios del amor usted podrá analizar si es difícil. No me atrevo a decir que es fácil, pero si me atrevo a decir que no es difícil. Que estas fechas nos sirvan de reflexión sobre el amor que sentimos o, incluso, que no sentimos. No nos dejemos llevar por la soledad ni por la mercadotecnia, que guían nuestro actuar diario. Recordemos que el amor no es tener, sino que es un modo de ser. Se agradecen sus comentarios y felices fiestas de San Valentín.
Bibliografía
Nota: el año marcado es el de las reimpresiones, no el año original de la obra.
Horney, Karen. La personalidad neurótica de nuestro tiempo. Editorial Paidòs. España (1993).
Fromm, Erich. El arte de amar. Editorial Paidòs. México (2007).
Fromm, Erich. ¿Tener o ser? Editorial Fondo de Cultura Económica. México (1978).
Fromm, Erich. El miedo a la libertad. Editorial Paidòs. México (2004).
martes, 1 de enero de 2008
“¿¡Tengo hambre, que hago!?” El proceso primario y el proceso secundario: ¿el ello y el yo se ponen de acuerdo?
Por Carlos Arquieta
Proceso primario y proceso secundario…compañeros de psicología, ¿les suenan esos términos? ¿Nunca se preguntaron que demonios significaban? Digo esto porque me atrevo a decir que hasta hace unos pocos meses me acabo de enterar, y que pena que cuando nos surge una duda la dejemos de lado y no la investiguemos. Mas también puedo decir que me fue de gran ayuda comprender estos conceptos, y comparto con ustedes la forma en que ellos influyen en el psiquismo humano.
Las tres instancias de la personalidad
Para aquellos no familiarizados con el psicoanálisis, expondré brevemente los tres polos de la personalidad del ser humano de acuerdo a la segunda tópica freudiana.
La primera es el ello. Es el polo pulsional, todo aquello que tenga que ver con los impulsos, instintos, las descargas de energía o tensión en el ser humano. Su función cumple con el principio de preservar la vida, o como Freud lo llama, el principio del placer, del cual hablaremos mas adelante.
La segunda instancia es el yo. Es aquel que se ve formado cuando el individuo toma contacto con la realidad, es según S. Hall “el ejecutivo de la personalidad, que domina y gobierna al ello y al superyo y mantiene un comercio con el mundo exterior en interés de la personalidad y sus vastas necesidades.” El yo se guía dentro del principio de la realidad, el cual también se definirá más tarde.
Finalmente, y no menos importante, está el superyo. Según Laplanche y Pontalis “su función es comparable a la de un juez o censor con respecto al yo. Freud considera la conciencia moral, la autoobservaciòn, la formación de ideales, como funciones del superyò.” En este artículo no hablare más del superyò, puesto que aquí solo me propongo a describir la forma en que el ello y el yo logran interactuar. Talvez el tema del superyò deba ser tratado por separado y no descarto talvez abrir otro artículo al respecto sobre esta tan extensa instancia de la personalidad.
Uno podría pensar que el ello es el malo y rebelde, el yo es el normal, y el superyò es el bueno y consciente. Si piensan eso, podría poner las cosas de otra manera: decirles que el ello es el que busca satisfacer al ser humano, que el yo es aquel que está siempre en conflicto pues no sabe que tendencias aceptar, y el superyò es un agente punitivo que si es llevado al exceso en su formación puede provocar daños profundos en la persona. ¿Interesante? Para más información sobre las instancias de la personalidad hay bibliografía muy extensa al respecto, desde las obras de Freud, El diccionario de Laplanche y Pontalis, y otros autores que han extraído de manera sencilla sus definiciones, como el autor en quien nos fundamentaremos para nuestras siguientes observaciones: Calvin S. Hall.
El principio del placer y el principio de la realidad: Ello y yo
Dejando por ahora de lado al superyò, nos podremos enfocar a las relaciones entre el ello y el yo, y para entender esta relación será necesario explicar los principios por los que seguían cada una de estas instancias: el del placer y el de la realidad respectivamente.
Iniciemos con un ejemplo. Cuando sentimos hambre, imaginamos comida, mas no la hay por el momento, pero buscamos satisfacer nuestra necesidad, seguimos pensando en ella una y otra vez. Lo externo nos lo impide, pero nuestro psiquismo busca la satisfacción por todos los medios. Esto es el principio del placer.
Ahora, eso externo, la falta de comida, pues nos hace confirmar la realidad, que simplemente no hay comida, es una prueba de realidad, nuestras percepciones no nos engañan, por más que fantaseemos. He aquí el principio de la realidad.
No niego que estos ejemplos nos harán entender mejor el proceso primario llevado a acabo por el ello y el proceso secundario llevado a cabo por el yo, e incluso me atrevo a decir que es demasiada delgada la línea que separa los conceptos ello-principio del placer-proceso primario y yo-principio de la realidad-proceso secundario. Decido mejor, para no confundir, definir los principios de placer y realidad según el diccionario de Laplanche y Pontalis:
Principio de placer: “…el conjunto de la actividad psíquica tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer…”
Principio de realidad: “…Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, l a búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior.”
A esto que se menciona al final de la última definición es a lo que quería llegar: ¿Acaso quiere decir que el principio de placer y principio de realidad buscan un mismo fin, la conservación del ser humano, la satisfacción de sus pulsiones? Sería valido decirlo, pues como vimos en las definiciones, también el principio de realidad busca la satisfacción, aunque sea con rodeos. ¿Pero como es que ello y yo llegan a ese acuerdo, si son diferentes instancias? Aun y siguiendo diferentes procesos, ambos llegan al mismo fin: la satisfacción. Veamos esto.
Proceso primario y proceso secundario
Además de tener un sistema de sensorial y un sistema motor, el ser humano cuanta con un sistema perceptual. Este sistema nos permite cambiar las excitaciones sensoriales y transformarlas en cuadros mentales o representaciones sobre los objetos. Así, esos cuadros o representaciones se conservan o “guardan” como huellas o restos mnèmicos en la memoria. Para no confundir, una percepción es una representación mental de un objeto, y una huella mnèmica es una representación mental de una percepción. Más sencillamente, cuando vemos algo se forma una percepción, y cuando recordamos algo que vimos se forma una huella mnèmica.
Dejando claro estos conceptos, volvamos al ejemplo: Cuando uno siente hambre, y no hay comida, nos vemos ante una situación frustrante, y esta frustración lleva al ello a trabajar. Así, el ello busca cumplir su principio de placer y busca en el sistema de la memoria alguna huella mnèmica de algo que en una ocasión percibido llego a procurar el placer de la alimentación, y logramos fantasear aquel alimento deseado. A esto se le llama el proceso primario. Cabe considerar que para el ello esto ha sido como alcanzar el placer total, pues el ello no distingue lo subjetivo de lo objetivo. Para el ello esta imagen es una “identidad de percepción”, llamada así porque la considera idéntica a la percepción misma.
Es obvio que para el ser humano como un todo, no se alcanzará la satisfacción total con solo traer un rastro mnèmico, y esta es la parte donde el yo comienza a trabajar para procurarle este placer inalcanzado. Antes de entrar al yo, consideremos que éste necesita del ello, puesto que no podemos alcanzar algo deseado sin formar una representación de aquello. Como Hall lo expone, sin el proceso primario solo lograríamos alcanzar lo que necesitamos por “ensayo y error”.
Así, ya habiéndose formado la representación, el siguiente paso es encontrar o producir el objeto, es decir, traerlo a la existencia. El alimento será entonces alcanzado por el proceso secundario, que es simple y sencillamente utilizar un plan de acción para llegar al objeto deseado, usando el pensamiento y la razón. Es como dice Hall,”resolver o pensar problemas”. Y así logro, pensando y razonando, llegar al alimento que necesitaba, buscándolo, por ejemplo, en la cocina. Consideremos que el yo sí logra, a diferencia del ello, separar lo subjetivo de lo objetivo, lo irreal e imaginario de lo real.
¿Tanto procedimiento para explicar algo como: “tengo hambre, iré a buscar comida a la cocina”? Pues recordemos que así es la mente humana, tan compleja y tan llena de procesos de este tipo que ahora usted, lector, conoce y creo le ha sido de beneficio. Recordemos también que no hay que despreciar los fenómenos psíquicos por más pequeños que sean. Con esto solo me proponía dejar claro que el ello y el yo no están separados del todo, y logran llevar al individuo hacia su cometido, a cumplir sus metas, sus deseos y ambiciones. Vemos como ambas instancias trabajan juntas para lograrlo.
Tal vez haya quedado la duda: ¿Qué ha sido del superyò? ¿Qué papel tiene exactamente con las otras instancias? ¿Logra frustrar planes o ayuda a llevarlos a cabo? Estimado lector, el superyò es otra historia… Se Agradecen sus comentarios, y feliz comienzo de año 2008.
Bibliografìa
Diccionario de Psicoanalisis. Laplanche, Jean y Pontalis, Jean-Bertrand. Bajo la direcciòn de Daniel Lagache. Traducciòn de Fernando Gimeno Cervantes. Editorial Paidós. España (1996).
Compendio de Psicologìa Freudiana. S. Hall, Calvin. Editorial Paidós. Mèxico (2007).
domingo, 23 de diciembre de 2007
¿Nos equivocamos acertadamente? Continuación
Por Carlos Arquieta
Definición del acto fallido
Me remito a la definición del acto fallido descrita en el diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis: “Acto en el cual no se obtiene el resultado explícitamente perseguido, sino que se encuentra reemplazado por otro. Se habla de actos no (necesariamente) para designar el conjunto de los errores de la palabra, de la memoria y de la acción, sino aludiendo a aquellas conductas que el individuo habitualmente es capaz de realizar con éxito, y cuyo fracaso tiende a atribuir a la falta de atención o al azar. Freud demostró que los actos fallidos son, como los síntomas, formaciones de compromiso entre la intención consciente del sujeto y lo reprimido”.
Lo que parece ser más interesante es ese ultimo descubrimiento de Freud que se menciona en la definición, y sobre el nos detendremos más adelante al explicar el funcionamiento de los actos fallidos.
Tipos de actos fallidos
Me apoyo en un fragmento de nuestro libro de referencia para describir a grandes rasgos, y sin ahondar, cada uno de los actos fallidos que encontramos más frecuentemente: “son estos fenómenos aquellos a los que nosotros damos el nombre de funciones fallidas (Fehlleistungen) o actos fallidos (Fehlhandlungen) y que se producen cuando una persona dice una palabra por otra (Versprechen-equivocación oral); escribe cosa distinta de lo que tenía intención de escribir (Verschreiben-equivocación en la escritura); lee en un texto impreso o manuscrito algo distinto de lo que en el mismo aparece (Verlesen-equivocación en la lectura o falsa lectura), u oye cosa diferente del o que se dice (Verhoeren-falsa audición), claro es, que sin que, en este ultimo caso, exista una perturbación orgánica de sus facultades aditivas.” También podemos mencionar el olvido de nombres, el olvido de algo que nos proponíamos a hacer y que de repente se nos olvida.
Ya habiendo considerado los tipos de actos fallidos que existen, todos y cada uno de ellos tienen una causa similar de presentación; aún en todas las variantes que presentan, todas tienen un origen en común: un deseo inconsciente. Analicemos esto más detalladamente.
¿Cómo se provoca un acto fallido? Algunos ejemplos
Cualquiera podría cuestionarse si en verdad un acto fallido es algo determinado psíquicamente, o simplemente es un producto de la distracción, o como bien mencionaba un buen amigo, por el grado de “estupidez” de la persona. Es muy cierto que nuestro desempeño diario se ve influido por el cansancio, el grado de atención y estado filológicos similares, pero, ¿Qué hay de esas situaciones en las cuales no hay cansancio? ¿Qué hay de esas ocasiones en la que uno se encuentra totalmente en sus 5 sentidos y aún así cometemos imprudencias o pequeñeces que al parecer escapan de nuestro control?
Nos dirían entonces: pero a veces las palabras se parecen entre sí, y por eso se cometen los errores de lenguaje o de escritura. Pero, ¿Qué hay de esas ocasiones en que las palabras no tienen ni la más mínima similitud?
Recordemos que nuestro fin ultimo es dar explicación a cualquier variante del problema, y evitar salirnos por la tangente dando una explicación vaga o imprecisa, o simplemente no explicando. Hago énfasis en esto porque es fácil decir algo, más no explicar el por qué lo decimos (nuestro lenguaje es tan espontáneo que pocas veces nos detenemos a pensar en lo que decimos).
Podemos notar que un acto fallido regularmente está tan fuera de nuestro control y es a la vez, según nuestro pensar, inexplicable. Sin embargo, definitivamente se puede explicar, y para explicarse tendremos que delimitarnos a un concepto que es una de las bases fundamentales del psicoanálisis: el inconsciente.
Hagamos una explicación sencilla, libre de cualquier rodeo o dilucidación complicada. Cuando uno va a decir algo, se tiene una intención. Esta intención puede ser en cierta manera agradable, cuando queremos saludar a alguien, o desagradable, cuando la queremos agredir. ¿Se han preguntado por que nuestros deseos de agredir son tan espontáneos, y nuestras intenciones de ser buenos a veces se ven frustradas?
Mostrare algunos ejemplos que ayudaran a entender mi explicación final.
Regularmente nuestros sentimientos ante ciertas personas se han visto influidas por experiencias que hemos tenido con ellas. Si en algún momento de nuestra vida, esa persona defraudó alguno de nuestros sentimientos, podemos guardar cierto “resentimiento” ante esa persona. Obviamente, y sobre todo cuando es una persona allegada a nosotros, esos resentimientos regularmente deben desviarse a nuestro inconsciente, puesto que la sociedad no permite mostrar esos sentimientos inadecuados ante la persona. En cierta manera, la censura evita que esos sentimientos devengan conscientes en su más puro sentido. Sin embargo, nos topamos con que un día se nos pide recordar algo de esa persona, e inmediatamente nos damos cuenta que recordamos a la persona, mas no a su nombre. Habría que preguntarse: ¿en verdad quiero recordar a esa persona?
Otro ejemplo: Imagine que usted se ve desconcertado puesto que ha perdido un regalo de gran valor monetario que le dio su abuelo en su cumpleaños, y a quien por cierto demuestra gran aprecio. Pocos días antes de perderlo se da cuenta usted que durante mucho tiempo, cuando su abuelo fue joven, el fue un padre bastante severo con sus hijos, que además era irresponsable y ejercía violencia en contra de su esposa. ¿No bastaría esa desilusión para tratar de desprenderse de algo de ese “gran” hombre?
Tomare ahora un ejemplo de un error en el habla, tomado de nuestro libro de referencia: “Así, aquel Presidente de la Cámara austro-húngara, que abrió un día la sesión con las palabras siguientes: “Señores diputados: hecho el recuento de los presentes y habiendo suficiente número se levanta la sesión.” ¿En verdad deseaba abrir o levantar la sesión?
Mecanismo del acto fallido: tendencias perturbadoras y tendencias perturbadas
Esos deseos que cuestiono en las preguntas, esos deseos que no se podían llevar a cabo, como dejar de lado al abuelo, olvidar a esa persona allegada, terminar o levantar la sesión, son todas tendencias perturbadoras, perturbadoras en el sentido de que “perturban” nuestro quehacer consciente, lo que conscientemente queríamos hacer, y todas ellas son en definitiva inconscientes. Eso que queríamos hacer conscientemente, recordar el nombre de la persona, conservar el regalo del abuelo, o abrir la sesión, podríamos entonces llamarlas tendencias perturbadas. El intermedio que se da entre la tendencia perturbadora y la perturbada, como podemos ver, es el acto fallido.
Así, el acto fallido es una formación sustitutiva del deseo inconsciente que debía ser reprimido, una formación a la que en cierta manera deformada se le permitió salir conscientemente.
Por esto es que se puede concluir que “el acto llamado fallido es, en otro plano, un acto ejecutado con éxito: el deseo inconsciente se ha realizado en una forma a menudo muy manifiesta.”
“Esa persona me ha defraudado, así que logro olvidarme de ella en cierta manera, olvidando su nombre o el obsequio que me dio.”
“Esta sesión no será de mi agrado, no quiero estar en ella, y aunque debo estar en ella, logro demostrar mi insatisfacción con mis palabras.”
¿Nos equivocamos acertadamente? Yo diría que sí, así que espero estas explicaciones les hayan sido de utilidad para su comprender del psiquismo humano, cualquier duda que tengan, recuerden que este es un espacio abierto a la discusión. Espero sus comentarios, y aprovecho para desearles feliz navidad y prospero año nuevo a ustedes y a todas sus familias.
Bibliografía:
Obras completas de Freud, tomo IV: Introducción al psicoanálisis-I Los actos fallidos y los sueños. Traducción directa del alemán de Luis López-Ballesteros y de Torres. Editorial Iztaccihuatl. México (1980).
Diccionario de Psicoanalisis. Laplanche, Jean y Pontalis, Jean-Bertrand. Bajo la direcciòn de Daniel Lagache. Traducciòn de Fernando Gimeno Cervantes. Editorial Paidós. España (1996).
domingo, 21 de octubre de 2007
¿Nos equivocamos acertadamente? Parte 1
Por Carlos Arquieta
Hace algunos meses, después de un largo tiempo sin trabajar debido a un pequeño accidente que había tenido, me disponía a salir de mi casa a tomar el camión que me llevaría a la empresa donde trabajo. Era un día tranquilo, aunque no niego que sentía un poco de nerviosismo al regresar de nuevo a la rutina. Pensamientos como: ¿y si olvide como hacer ciertos procedimientos?, ¿y si no tengo un buen desempeño?, esas ideas cruzaban por mi mente; sin embargo les fui restando importancia mientras transcurría la mañana.
Cuando salí de mi casa, y ya después de haber cerrado todos los candados, noté que había olvidado mi pluma y hojas donde realizar mis apuntes, lo cual me molestó de cierta manera. Entré a la casa, tomé los ya dichos objetos, y de nuevo salí para ahora sí llegar a la parada del camión. Después de un tiempo, el tan esperado (¿o no tan esperado?) medio de transporte llegó. Me senté tranquilamente cerca de una ventana, y seguí mi camino. Cual grande fue mi sorpresa que al ya haber avanzado aproximadamente 10 cuadras, había olvidado algo vitalmente necesario: el gafete con el que se me permitía entrar a la empresa. No podía hacer nada mas que bajarme inmediatamente y de mala gana del camión, pues sin ese pedazo de plástico que había olvidado no podía entrar a la empresa. Así, tuve que regresarme en otro camión, llegar a la casa por el gafete, tomar otro camión, y acabar llegando a la empresa como quien diría “raspando”. La pregunta sería: ¿en verdad quería yo ir a trabajar después de tanto tiempo de estar inactivo?
Hace algunos meses, después de un largo tiempo sin trabajar debido a un pequeño accidente que había tenido, me disponía a salir de mi casa a tomar el camión que me llevaría a la empresa donde trabajo. Era un día tranquilo, aunque no niego que sentía un poco de nerviosismo al regresar de nuevo a la rutina. Pensamientos como: ¿y si olvide como hacer ciertos procedimientos?, ¿y si no tengo un buen desempeño?, esas ideas cruzaban por mi mente; sin embargo les fui restando importancia mientras transcurría la mañana.
Cuando salí de mi casa, y ya después de haber cerrado todos los candados, noté que había olvidado mi pluma y hojas donde realizar mis apuntes, lo cual me molestó de cierta manera. Entré a la casa, tomé los ya dichos objetos, y de nuevo salí para ahora sí llegar a la parada del camión. Después de un tiempo, el tan esperado (¿o no tan esperado?) medio de transporte llegó. Me senté tranquilamente cerca de una ventana, y seguí mi camino. Cual grande fue mi sorpresa que al ya haber avanzado aproximadamente 10 cuadras, había olvidado algo vitalmente necesario: el gafete con el que se me permitía entrar a la empresa. No podía hacer nada mas que bajarme inmediatamente y de mala gana del camión, pues sin ese pedazo de plástico que había olvidado no podía entrar a la empresa. Así, tuve que regresarme en otro camión, llegar a la casa por el gafete, tomar otro camión, y acabar llegando a la empresa como quien diría “raspando”. La pregunta sería: ¿en verdad quería yo ir a trabajar después de tanto tiempo de estar inactivo?
Días atrás había empezado a leer la obra de Freud: “Introducción al psicoanálisis: Los actos fallidos y los sueños”, y analizando la situación por la que pasé ese día, me dispongo a describir en este estudio uno de los fenómenos tratados en esa obra: los actos fallidos o equivocaciones.
¿Es importante un análisis sobre los actos fallidos?
“Comenzaremos esta segunda lección no con la exposición de nuevas hipótesis, sino con una investigación, eligiendo como objeto de la misma determinados fenómenos muy frecuentes y conocidos, pero insuficientemente apreciados, que no pueden considerarse como producto de un estado patológico, puesto que son observables en toda persona normal. Son estos fenómenos aquellos a los que nosotros damos el nombre de funciones fallidas o actos fallidos”.
Es con este párrafo con el que inicia el segundo capítulo de la ya citada obra del Padre del psicoanálisis, S. Freud. ¿Por qué se le dará tan poca importancia a un acto tan insignificante, a un pequeño error? Sonaría lógico que se le diera tan poca o nula importancia. En nuestros días no nos parece raro que alguien se equivoque u olvide algo, y usamos muy frecuentemente la tan conocida frase “es de humanos equivocarse”, por lo que se ve en el acto fallido una función normal, sin importancia o falta de complejidad psíquica. Sin embargo, un acto fallido nos presenta una importante descripción del funcionamiento psìquico a nivel inconsciente y consciente. Es por esto que es tan importante analizar esas funciones en apariencia simples.
Un sujeto ajeno al psicoanálisis diría que un análisis de los actos fallidos no es necesario, pues son únicamente producto de la casualidad. Pero consideremos lo que argumenta Freud: “¿Mas qué es lo que con esta frase quiere significar? ¿Querrá acaso afirmar que existen sucesos tan insignificantes que se encuentran fuera del encadenamiento de la fenomenologìa universal y que lo mismo hubieran podido o no producirse? Pero el romper de este modo el determinado natural, aunque sea en un sólo punto, trastornaría toda la concepción científica del mundo.” Recordemos que la ciencia busca ante todo la explicación de los fenómenos en el universo, y el que exista algo que no debe explicarse pues es casual, iría en contra de la misma ciencia. Pensemos en este argumento y decidamos si dar o no importancia al acto fallido.
Quienes decidan continuar con el estudio, esperen la siguiente entrada, donde se describirá la definición de un acto fallido, los diferentes tipos que existen, así como los motivos por los que se presentan y su papel en el psiquismo del sujeto psicológico. Agradezco de antemano sus comentarios.
Bibliografía:
Obras completas de Freud, tomo IV: Introducción al psicoanálisis-I Los actos fallidos y los sueños. Traducción directa del alemán de Luis López-Ballesteros y de Torres. Editorial Iztaccihuatl. México (1980).
viernes, 19 de octubre de 2007
Un inicio...
Aquí estoy en una noche de viernes, escribiendo las primeras palabras de algo que considero será un interesante espacio. Un espacio para la difusión de ideas sobre una de las más grandes creaciones de la mente humana: el psicoanálisis.
Invito a todos aquellos interesados en tan puro conocimiento a plasmar sus ideas y opiniones sobre los temas aquí tratados. Estudiantes, profesores y publico en general pueden aportar conocimiento o hacer preguntas sobre la serie de temas de los que se hablará cada semana.
Es cierto que me veo en una posición un tanto complicada al ser yo estudiante de psicología, y no ser un psicoanalista consumado, mas tomo el riesgo debido a que es un tema del que me apasiona hablar. Cabe aclarar que todo contenido aquí descrito estará sustentado en bases teóricas sólidas; se especificará la bibliografía utilizada. Aun y eso, también daré algunas opiniones al respecto de los temas.
Además de ser un espacio abierto a la discusión, también permitirá a estudiantes de licenciatura llegar a una comprensión más profunda sobre temas que sean vistos a través de la carrera.
Concluyo invitándoles a proponer temas de discusión, sus aportaciones serán bien vistas y tomadas muy en cuenta. Estoy seguro que con la ayuda de todos, lograremos llegar al conocimiento del mundo psíquico, al conocimiento de la mente, y simplemente desarrollando algunos “Estudios sobre psicoanálisis”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)